La Libertad

En La Libertad, los corazones no laten igual que en otras partes del mundo, lo hacen a ritmo de una de las danzas de pareja más elegantes de Sudamérica: la refinada marinera norteña. Mientras que en Trujillo, su capital, una exquisita arquitectura colonial hace de cada calle una postal. Pero este departamento también resalta por sus costumbres milenarias, como la pesca en Caballitos de Totora, embarcaciones hechas de caña sobre las que los antiguos chimúes desafiaban el agitado mar del norte del país. En la Ciudad de la Eterna Primavera, como se le conoce a Trujillo por su clima soleado, también se puede visitar un lugar único en el planeta: Chan Chan, la ciudad de barro más grande del mundo e invaluable legado de los antiguos habitantes de esta región. El patrimonio arqueológico trujillano forma parte importante de la la Ruta Moche, con monumentales vestigios como la Huaca de La Luna -capital de la cultura moche por más de 6 siglos- y el Complejo Arqueológico El Brujo, donde la imponente Dama de Cao lo espera. La experiencia en Trujillo se complementa con hermosos balnearios, como el pintoresco Huanchaco –para muchos, lugar de nacimiento del Cebiche peruano- y una comida regional rica en sabores marinos.

Lambayeque

Ciudad de míticos gobernantes, como el Señor de Sipán, y de mujeres poderosas que dominaban vastos territorios con sabiduría ancestral, conocer Lambayeque es descubrir pintorescos pueblos que albergan impresionantes pirámides, sitios arqueológicos y una de las tradiciones culinarias regionales más importantes y ricas del país. Sus costas y valles fueron cuna de civilizaciones prehispánicas que dejaron como herencia impresionantes sitios arqueológicos en medio del desierto costero. Lambayeque conforma la llamada Ruta Moche, única en su clase por su riqueza arqueológica, destacando joyas como la magnífica tumba del Señor de Sipán (Lambayeque) y la Dama de Cao (La Libertad), una evidencia imperdible de una gobernadora en el antiguo Perú. Pero visitar este Departamento peruano también es descubrir sus alegres y soleadas playas como el balneario de Pimentel, de atemperados vientos y suave oleaje, que hacen de cada caminata por su malecón, una evocación a las alegrías más simples de la vida.