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peru.travel
Tuesday, December 1, 2020
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Abrir las puertas de un retablo ayacuchano nos lleva a descubrir las tradiciones y costumbres del mundo andino. Al contemplar de cerca las pequeñas piezas fabricadas a mano y al detalle, uno se conecta con cada fiesta popular, manifestación religiosa o evento histórico y se siente parte de ellas. Cada retablo es trabajado con gran excelencia estética, lo que hace que cada uno sea tan especial como auténtico.
Declarado Patrimonio Cultural de la Nación, se trata de una de las mayores expresiones del arte peruano y una antigua tradición andina que se mantiene vigente hasta la actualidad. Si bien su origen se remonta a la época de la Colonia con la llegada de los españoles que trajeron consigo capillas portátiles y nacimientos –o "belenes"–, fueron los artesanos ayacuchanos quienes acogieron las técnicas de modelado y escultura, y adaptaron esta herencia cultural a sus propias costumbres.

Declarado Patrimonio Cultural de la Nación, se trata de una de las mayores expresiones del arte peruano.
Crédito: Enrique Castro-Mendívil / PromPerú.
La evolución de un arte
El retablo tiene sus inicios en los antiguos cajones de madera llamados "Cajas de San Marcos" que contenían figuras de santos y que eran utilizados por los sacerdotes españoles en su proceso de evangelización de los pueblos andinos. Asimismo, también se usaban para cuidar las viviendas y a los viajeros que las llevaban consigo.
Con el tiempo, este mundo mágico-religioso dio paso a la reproducción de escenas de la vida cotidiana. Tal es así que, en la década de los años 40 del siglo pasado, artesanos ayacuchanos iniciaron una transformación artística en la elaboración de retablos incluyendo nuevas temáticas como las fiestas patronales, danzas tradicionales, peleas de gallos, corridas de toro, eventos patrióticos, entre otras, que, poco a poco, adquirieron mayor protagonismo. Estas nuevas formas de manifestación se caracterizaron más por su valor estético que por su carácter ritual.
Uno de los mayores impulsores de esta corriente fue el artista ayacuchano Joaquín López Antay (1897-1981), quien desde muy joven asumió el desafío de confeccionar nuevas piezas, lo que terminó resultando en verdaderas obras de arte. A partir de su trabajo, las escenas costumbristas formaron parte del eje temático de los cajones y, de esta manera, los originales diseños se convirtieron en un sello de identidad nacional.

El retablo tiene sus inicios en los antiguos cajones de madera llamados "Cajas de San Marcos".
Crédito: Alex Bryce / PromPerú
La tierra del retablo
Cada año, miles de turistas nacionales y extranjeros visitan la región de Ayacucho para apreciar las técnicas y conocer los secretos del arte del retablo. La localidad de Quinua es considerada la "Capital de los retablistas" por el gran número de reconocidos artesanos que viven en este lugar.
Actualmente, la demanda internacional del retablo ayacuchano es un importante motor turístico, así como una valiosa oportunidad de progreso para los retablistas. Artesanos de todas partes del Perú exhiben sus piezas tanto en ferias nacionales como extranjeras con el fin de difundir esta importante expresión artística por todos los rincones del mundo.
El dato
Los retablos tienen forma rectangular y se fabrican con madera de cedro. Si bien no hay medidas oficiales, los clásicos diseños miden aproximadamente 32 cm de alto y 26 cm de ancho con las puertas extendidas. En el interior se colocan las figuras que son trabajadas con una pasta hecha a base de una mezcla de papa cocida, yeso cerámico y polvo colado. La parte posterior se cubre generalmente con madera delgada y las puertas se unen a la caja con tiras de cuero.
Fuentes: EFE / Turiweb / Andina / Perú 21
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