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Tuesday, May 11, 2021

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Los sonidos del violín y el arpa se fusionan, mientras que los danzantes hacen su aparición en escena. Además de ver una coreografía ensayada, los espectadores observan una serie de movimientos que, además de expresar la cultura, arte y tradición de los Andes peruanos, son tan complejos que no cualquier bailarín podría emular: para ser un danzante de tijeras, tienes que tener un físico privilegiado, que casi colinde con poderes mágicos o sobrenaturales.

La Danza de las tijeras, considerada desde 2010 como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, es una histórica danza ritual que se remonta a la época preincaica. Oriunda de la región Chanka –hoy por hoy, con mayor presencia en las regiones de Ayacucho, Huancavelica, Apurímac y el norte de Arequipa-, sus participantes rendían tributo a los Apus, al Inti (Sol), a la Quilla (Luna), la Madre Tierra, entre otros.

La intención de mostrar pleitesía a sus dioses andinos, era para que estos intercedan por ellos en el resguardo de sus pueblos, bonaza de sus cosechas y para que otorguen fuerzas a sus ejércitos. Aquí, te comentaremos algunos detalles poco conocidos de esta expresión artística:

Patrimonio mundial

El martes 16 de noviembre de 2010, mediante una conferencia de prensa realizada en el Congreso de la República, se anunció que la Danza de las tijeras había sido nombrada como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. La danza ritual compitió contra otras 51 expresiones artísticas de 31 distintos países para recibir este estatus. Motivo por el cual, se designó en Perú que el 16 noviembre sería el Día de la Danza de las tijeras.

Sin embargo, en Huancavelica ya se tenía una fecha en el calendario para sus celebraciones: en la región central de los Andes peruanos, se celebra cada 27 de diciembre, en la que se exhiben competencias tanto de danza como de comparsas (bandas). Antes de la designación por parte de la Unesco, la Danza de las tijeras fue nombrada como Patrimonio Nacional de Perú, en 1995.

La Danza de las tijeras fue nombrada como Patrimonio Nacional de Perú, en 1995. Crédito: PromPerú.

Hijos del diablo

Durante el siglo XV, se creía que los danzantes tenían poderes mágicos y sobrenaturales, por sus denotados esfuerzos físicos, casi imposibles de replicar por el ciudadano común, pensaban que tenían un pacto con el diablo. Por esta razón, se les conocía como ‘hijos del diablo’ (supaypa guagua) o ‘danzante de la casa del diablo’ (supaypa wasin tusuq).

Con la intromisión de los colonizadores y la iglesia católica a territorio peruano, empezó la persecución de quienes practicaban la danza, catalogándolos de paganos y practicantes de magia negra. Algunos huyeron y otros se refugiaron a las zonas altoandinas del sur ayacuchano –primordialmente, en el valle de Sondondo, de donde se cree que es la cuna de la Danza de las tijeras- hasta que las autoridades permitieron que vuelvan a expresar su arte, con la prohibición de rendirle tributo a dioses andinos para darle paso a las alabanzas a Jesucristo y sus santos.

Durante el siglo XV, se creía que los danzantes tenían poderes mágicos y sobrenaturales, por sus denotados esfuerzos físicos. Crédito: PromPerú.

Danzantes atléticos

Si uno aprecia las acrobacias que realizan los danzantes de tijera, es notorio que estos son casi unos atletas de élite: los esfuerzos físicos que realizan para ensayar los 36 distintos pasos de la danza, son de otro planeta. A ello, habría que sumar que, además del desgaste físico que realizan, su colorida indumentaria está conformada por 17 piezas que llegan a pesar hasta 12 kilogramos. El sombrero, que tiene la forma de un cono invertido, suele pesar entre 5 a 6 kilos. Para estar a la altura de este nivel de exigencia, suelen ser entrenados desde los ¡5 años!

Si uno aprecia las acrobacias que realizan los danzantes de tijera, es notorio que estos son casi unos atletas de élite. Crédito: Rafael Cornejo Vilela.

Y no, no son tijeras

Los danzantes de tijeras no utilizan tijeras. Estas son dos varillas de hierro que, al cruzarlas, dan el aspecto de este accesorio de oficina. Miden aproximadamente 25 centímetros y son las causantes del sonido característico que acompaña al violín y la arpa durante sus presentaciones. 
José María Arguedas, tal vez el mayor intelectual indigenista del Perú, asocia el simbolismo de la danza de las tijeras con un proceso ecológico de vida, muerte y regeneración respecto al Wamani, que era la principal deidad aborigen en forma de las montañas más grandes.

Fuentes: Andina / Canal Ipe / Congreso.gob / ich.unesco.org

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